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El embudo de Danny Raede y la Integración sensorial de Jean Ayres.

La Teoría de la Integración Sensorial fue enunciada en Estados Unidos, en la década de los 60, por Jean Ayres. Si nos aproximamos a estos postulados, sin entrar en profundidades, pueden parecernos obvios pero encierran una profunda carga que cuestiona la atención que reciben en nuestros colegios, y centros especiales, los niños y jóvenes con autismo.

Jean Ayres consideró que los aportes sensoriales que recibe un niño son claves para su comportamiento y aprendizaje. Toda la información sensorial es importante para configurar el comportamiento y el aprendizaje pero de especial relevancia son los táctiles, vestibulares y propioceptivos. 

Danny Raede, jóven con Ásperger, contextualiza la Integración Sensorial de manera muy gráfica con su "embudo":

 

En esencia afirma que la actuación terapéutica y educativa actúa fundamentalmente sobre las funciones ejecutivas (procesos neurológicos complejos que deberían ofrecer como resultado final una conducta adaptada, con capacidad de organizarse para conseguir un fin, evaluar el comportamiento,...). El segundo frente sería el área social, después el ámbito emocional del niño o joven, posteriormente la atención, en menor medida la conciencia (sobre todo entendida como procesos popioceptivos: conciencia del propio cuerpo, de su orientación y movimiento) y por último los procesos sensoriales.

Podríamos decir que este enfoque educativo y terapéutico empieza la casa por el tejado: el verdadero origen de las conductas poco adaptadas de los niños con TEA tienen una causa sensorial: no es que sus órganos de los sentidos estén afectados sino que los estímulos que reciben no siguen el complejo procesamiento ordinario de la mayoría de las personas. Para más desatino, en muchos casos se opta por una estimulación sensorial de manera completamente contraproducente: la dificultad no es que no reciban estímulos sino que no los procesan correctamente. Esta es la causa por la que los niños con TEA ofrecen comportamientos "defensivos" frente al entorno que, de alguna manera, les bombardea con estímulos hostiles que se procesan de forma no típica. Lo más triste no es que el modelo educativo más común en nuestras escuelas, en atención a niños con TEA, sea bastante ineficaz sino que se les somete a un esfuerzo y sufrimientos estériles. En "auxilio" de la situación viene la medicina con respuestas químicas (antipsicóticos en muchos casos) para rematar el desolador panorama.

El planteamiento correcto debería ser una evaluación de los procesos involucrados en la integración sensorial y una terapia basada en este análisis inicial y a lo que, desde los años 60 del pasado siglo, se sabe al respecto que, además, ofrece unos resultados contrastados científicamente como más eficaces. Los maestros y psicólogos no estamos formados para trabajar la Integración Sensorial, este campo es para Terapeutas Ocupacionales: éstos pueden ofrecer estrategias sensoriales adaptadas para trabajar en el hogar y escuela y ofrecerán la auténtica perspectiva para la interpretación de la conducta del niño a la luz de sus dificultades de integración sensorial. Desgraciadamente este planteamiento basado en la Integración Sensorial se encuentra prácticamente excluido del sistema sanitario español y es un casi completo desconocido para los profesionales de la atención educativa al alumnado con autismo.


Chicho Zarallo